¿Se puede enseñar a detectar oportunidades?

Alicia Coduras

Por Alicia Coduras

Directora Técnica del Proyecto GEM Arabia Saudí, staff de GERA, Técnico Superior Estadístico en Institut Opinometre S.L.

Noviembre 2014

El debate acerca de a quién se puede considerar emprendedor se ha enriquecido en la última década con múltiples matices que ayudan a perfilar esta figura, sus valores y sus competencias. El rasgo característico que distingue al emprendedor como persona capacitada para detectar oportunidades, sigue ocupando una posición destacada en una lista de atributos mucho más amplia que en el pasado.

Dado que se ha demostrado que es posible formar a las personas para que emprendan, superándose la idea de que el emprendedor nace y no se hace, y dado que la capacidad para detectar oportunidades es fundamental para emprender, surge la pregunta de si es posible enseñar esta capacidad.

En España, son escasas las entidades que incorporan esta materia a los programas formativos pues, hasta ahora, se ha puesto más énfasis en el desarrollo de una idea preseleccionada y del plan de negocio. Este enfoque era el habitual porque, hasta fechas muy recientes, la formación en emprendimiento era de tipo específico y complementario: la persona interesada solía acudir al centro formativo con una idea de negocio (o trabajaba con casos) y su objetivo era aprender a desarrollarla o ver cómo habían procedido otros para hacerla una realidad. Si a ello unimos la escasa literatura en torno al tema, la necesidad de formar a las personas en cuanto a su capacidad de detección de oportunidades surge más recientemente.

En nuestro país, se ofertan grados en emprendimiento donde se desarrolla un perfil emprendedor partiendo de cero, desde hace menos de cinco años. Al reclutar profesorado preparado para impartir esta materia de forma aplicada, se advierte su escasez y, por consiguiente, se valora mucho su adquisición.

Estas importantes diferencias con respecto a épocas pasadas, advierten de la necesidad de plantear los programas educativos en emprendimiento partiendo de la idea de que un estudiante potencial puede sentirse simplemente atraído por hacer esta carrera universitaria sin tener desarrollado ningún rasgo emprendedor. El reto es: ¿se puede hacer de un estudiante en estas condiciones un emprendedor? ¿Se le puede formar en todos los aspectos que conlleva este perfil profesional y, por consiguiente en detección de oportunidades? En teoría y cada vez más en la práctica, la respuesta es afirmativa, al igual que lo es cuando se forma a un abogado, a un médico, a un ingeniero o a cualquier otro graduado o licenciado.

Sin embargo, para poder enseñar esta materia hay que disponer de recursos y observar lo que otros han experimentado previamente. Así, centros con gran tradición en formación emprendedora como Babson College en Estados Unidos, se plantearon este tipo de enseñanza integral hace más años, y desarrollaron recursos pedagógicos que incluyen el enseñar a descubrir oportunidades. Siguiendo sus directrices, cualquier persona puede ejercitarse en esta disciplina que, además, estimula la mente tanto si se aplica al emprendimiento como en otro caso.

La pedagogía de Babson parte del propio individuo, sus conocimientos, habilidades y destrezas de cualquier tipo. En un primer estadio se plantea el que la persona se pregunte a sí misma: si no tuviese trabajo y tuviese que sobrevivir a partir de mis propios conocimientos y habilidades, ¿qué tipo de negocio podría poner en marcha que me generase algún ingreso? Este ejercicio, consiste en identificar oportunidades de negocio a partir de uno mismo. Aplicando esta fórmula surgen ideas de todo tipo en torno a todo tipo de sectores: gastronomía, cuidado de personas, academias de enseñanza, servicios personales, producción artística, traducción y muchos más.

El siguiente paso es el de salir de uno mismo y aprender a analizar el entorno inmediato, como por ejemplo, la zona de residencia. Aprender a observar y tomar nota de los negocios y servicios que hay en una zona, es una forma de detectar carencias y también de captar ideas que se pueden imitar e implementar en otros lugares donde no tengan competencia.

Tras un profundo entrenamiento en estos estadios, un estudiante o un emprendedor potencial que no tenga una idea, puede seguir ampliando su capacidad de detectar oportunidades a base de analizar sectores que le resulten atractivos respondiendo preguntas como: ¿existen necesidades no cubiertas de servicios para los empresarios, proveedores y clientes directos de este sector? ¿Qué innovaciones se pueden desarrollar en caso de detectarse ineficiencias en mercados? Y otras.

Otras fórmulas de detección de oportunidades consisten en prestar atención a los cambios demográficos y legislativos o generar nuevas necesidades. La ubicación de grandes empresas o infraestructuras tiene un impacto demográfico que genera negocios complementarios: prestar atención a dónde se producen estos cambios es otra forma de detectar oportunidades. La lista de fórmulas es amplia y cada vez se genera más información y ejemplos para poder enseñar detección de oportunidades.

A partir de este momento, al valorar la calidad de la formación emprendedora será relevante analizar si un programa ofrece o no este recurso y la forma en que lo hace. Acertar sobre la incorporación de este elemento formativo marcará diferencias entre distintas opciones en el mercado ya que, sin oportunidades no hay emprendimiento y, en los países desarrollados, la proporción de población capaz de captarlas ha disminuido mucho en la última década.

Artículo publicado originalmente en la revista Economía3 en Noviembre de 2014.

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