Nuevos métodos para nuevos estudiantes: Repensando la formación de los futuros emprendedores

Andrea Conchado

Por Andrea Conchado

Jefa de Estudios del Grado en Ingeniería y Gestión Empresarial de EDEM

Febrero 2016

El entorno empresarial ya no es lo que era. Hoy en día pueden encontrarse oportunidades de negocio en nuestro mismo barrio, o en mercados digitales de ámbito internacional. Los principales beneficiados, o mejor dicho afectados, por este profundo cambio son los futuros emprendedores. El panorama no es halagüeño. Un joven aspirante a montar su propio negocio podrá encontrar con relativa facilidad una idea de negocio, que pueda llevarse a la práctica de forma rentable y sostenible. Pero al mismo tiempo, este emprendedor principiante deberá ser muy consciente de que la competencia está al alcance de un clic, igual que lo están sus clientes potenciales para él. Sin dejar de tomar difíciles decisiones que afecten a su bolsillo y esfuerzo, estará obligado a reinventarse una y otra vez para satisfacer a un nuevo perfil de cliente, cada vez más informado y con más opciones de compra. Por todo ello, este joven emprendedor asumirá muy pronto responsabilidades que le llevarán a flexibilizar su carrera profesional para desenvolverse en estas circunstancias.No todos estamos preparados para afrontar este reto. El colectivo emprendedor es el que menos valora la formación, y al mismo tiempo, el que más enfatiza en la actitud y rasgos de carácter como elemento clave para el éxito laboral. Aunque tienen parte de razón, es evidente que las habilidades y conocimientos técnicos son fundamentales a la hora de montar un negocio. Aproximadamente la mitad (46.8%) de los emprendedores valencianos, que fueron entrevistados para el «Informe GEM sobre la actividad emprendedora en la Comunidad Valenciana» publicado en 2014, creían contar con la formación suficiente para el desarrollo de un proyecto empresarial. Y aunque no es necesario tener una titulación universitaria para emprender, se confirma en este informe que la actividad emprendedora desarrollada por los universitarios tiende a perdurar en mayor medida.

Tradicionalmente, han sido las titulaciones en Administración y Dirección de Empresas (ADE) y los Master in Business Administration (MBA) los responsables de transmitir la formación necesaria para gestionar una empresa o desarrollar una idea empresarial. No obstante, hoy en día esta formación debe estar a la altura de las circunstancias. Los titulados universitarios valencianos opinan que la universidad enfatiza demasiado en los métodos clásicos de enseñanza, donde el profesor es la principal fuente de información y las teorías, conceptos y paradigmas son el elemento clave de la formación. Estas valoraciones se describen en el «Libro Verde de la empleabilidad de los titulados universitarios de la Comunidad Valenciana», publicado en 2013 por la Agència Valenciana d’Avaluació i Prospectiva (AVAP). Aunque se percibe un cambio incipiente en cuanto a la introducción de innovaciones pedagógicas en la dirección trazada por el Proceso de Bolonia, los titulados todavía señalan que su capacidad de innovar es limitada, y que las universidades tampoco contribuyeron a que no fuera así. Estos resultados cobran gran importancia a la hora de diseñar actividades formativas y plantean un cambio de orientación hacia una enseñanza más participativa y colaborativa, que proporcione las claves para desarrollar la iniciativa de los alumnos.

            Todos estamos de acuerdo en que el alumno debe implicarse más en su propio aprendizaje. No obstante, no existe una fórmula única cuya aplicación garantice el éxito en el aula. Son los propios profesores quienes deben formularse preguntas acerca de cuál es la mejor forma de mejorar la experiencia formativa del alumno, en el contexto de la titulación donde se imparte cada asignatura.

Las prácticas en empresa, u organizaciones o instituciones oficiales, sin duda aportan un valor añadido a los estudios relacionados con la educación y las ciencias de la salud, mientras que la organización de seminarios en ciencias sociales y humanidades permite ahondar en temas específicos del interés de los alumnos. Los científicos e ingenieros han estudiado durante años mediante aprendizaje basado en problemas, metodología que resulta muy efectiva para el desarrollo de capacidades de análisis y síntesis. ¿Cuál es entonces la metodología más adecuada para la formación de un emprendedor? El aprendizaje orientado a proyectos parece ser la solución natural. Pero no sólo para estos estudiantes, sino para todos los que aspiren a trabajar en equipos multidisciplinares de trabajo en la gestión de proyectos a nivel profesional.

Los profesores que opten por el método de aprendizaje orientado a proyectos deberán plantear problemas a sus alumnos, similares a los que encontrarán en su carrera profesional. La diferencia respecto a otros métodos de enseñanza es que serán ellos mismos quienes deban encontrar una de las posibles soluciones al problema, mediante la aplicación de lo aprendido y el uso efectivo de recursos. Así, se fomenta que los estudiantes tomen sus propias decisiones y sean independientes, al tiempo que favorece el trabajo en equipo y la aplicación práctica de conocimientos. En el mejor de los casos, es la única metodología capaz de facilitar el aprendizaje integrado de varias materias, siempre y cuando sea coordinado de esta forma, superando así el aprendizaje tradicionalmente segmentado en asignaturas. Por el contrario, el camino para llevarla a la práctica está plagado de obstáculos. A las reticencias de los alumnos y profesores a cambiar los métodos de estudio conocidos, se suma la dificultad de la evaluación del desempeño en estos proyectos, y sobre todo la valoración de la contribución individual de cada estudiante. En este sentido, el centro universitario EDEM – Escuela de Empresarios – está llevando a cabo una interesante experiencia con los alumnos matriculados en el Grado en Ingeniería y Gestión Empresarial, donde los estudiantes deben abordar un proyecto de ingeniería en cada curso académico, cuyo alcance se amplía progresivamente.

            En tan solo unos años podremos observar el efecto que han tenido estas metodologías activas de aprendizaje en las competencias de los emprendedores. Lo único que sabemos es que la universidad debe cambiar, porque todo a su alrededor está cambiando. Los estudios universitarios ya no suponen un valor añadido en la trayectoria profesional, sino un elemento básico e imprescindible para competir en el contexto de la actual crisis económica y laboral. Los estudiantes ya no estudian en bibliotecas, sino que tienen un acceso ilimitado a la información a través de interminables opciones de formación online. Debemos poner al alcance de nuestros estudiantes todo aquello que esté en nuestra mano para facilitar su éxito profesional en este nuevo entorno, pues serán sus pequeñas conquistas empresariales las que repercutirán a largo plazo en una mejora del bienestar social.

Artículo publicado originalmente en la revista Economía3 en Febrero de 2016.

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