Las empresas, en su afán por lograr sus objetivos, demandan un equipo formado en una serie de competencias clave. La formación en habilidades directivas, necesarias independientemente del campo o departamento en el que se encuentre un mando, se ha enfocado tradicionalmente al momento en que una persona ha adquirido un puesto de responsabilidad en su organización. Es decir, en un estadio de la vida en el que se acumula mucho trabajo (profesional e incluso personal) y hay menos tiempo para dedicarlo a la formación.

¿No sería mejor haber adquirido estas habilidades previamente, al igual que sucede con los conocimientos técnicos, que se obtienen en un grado o postgrado?

Poco a poco se está instalando en las universidades la certeza de que, desde el primer curso, los alumnos deban estudiar un complemento a su formación académica tradicional. Un recorrido paralelo que les vaya preparando para la realidad del mundo laboral y que les permita saber actuar ante los problemas del día a día. El análisis de problemas complejos, la gestión del cambio, la negociación y la resolución de conflictos, el liderazgo de equipos o la orientación a la venta son ejemplos de soft skills muy necesarias pero tradicionalmente ausentes de los planes de estudios universitarios.

En este sentido, desde EDEM Escuela de Empresarios hemos detectado siete habilidades transversales que consideramos útiles para complementar a la formación de nuestros estudiantes universitarios:

  1. Liderazgo. Se trata de una capacidad que, cada vez más, no compete únicamente a la alta dirección de una empresa. Un correcto liderazgo en todos los niveles de cada organización, inspirando al equipo hacia un objetivo común, impulsa la innovación, la productividad y la competitividad. La mejora de la capacidad de liderazgo, identificando los principios para liderar y dirigir un equipo diverso, eficaz y exitoso, es clave en el inicio de un proyecto empresarial o de una nueva línea o departamento dentro de una organización.
  2. Ambidestreza cognitiva. En unos escenarios más inestables, definidos por el cambio constante, y en el que los avances tecnológicos pueden sacudir un sector económico en pocos años, además de “qué pensar” hay que saber “cómo pensar”. Desarrollando la capacidad para lograr ser ambidiestros cognitivos (utilizando los dos hemisferios del cerebro, el racional y el creativo), una persona podrá desenvolverse mejor en estos entornos cambiantes.
  3. Técnicas de venta. La habilidad en la persuasión a la hora de vender un producto o servicio es de las más cotizadas entre las empresas. Es lógico: es la competencia que tiene una repercusión inmediata en la cuenta de resultados. Cada vez más, las organizaciones están enfocando a la totalidad de sus plantillas hacia una actitud de venta (“todo el mundo vende”). Por ello, la capacidad de conocer y controlar todas las fases de una venta se antoja como una competencia clave.
  4. Trabajo personal. Autodisciplina, meticulosidad o rigurosidad son atributos útiles para el desarrollo personal y profesional de una persona. Y se pueden trabajar. Mediante la asistencia a sesiones teóricas y prácticas, se puede aprender a organizar tareas, a aumentar su productividad y a poner el foco en los detalles. 
  5. Gestión de conflictos y negociación. La capacidad de negociar correctamente no solo es útil a la hora de cerrar acuerdos con externos (un cliente o un proveedor, por ejemplo). Adquirir habilidades de negociación va más allá del ámbito comercial: propiciar un escenario de “win-win” es útil, por ejemplo, para situaciones de conflictos internos entre empleados de una misma organización.
  6. Autoconocimiento. Dentro del desarrollo de una personas, es fundamental que esta aprenda a analizar sus debilidades y fortalezas personales, algo que entra dentro del campo de la inteligencia emocional. Ante un escenario crítico, es fundamental saber hacer un análisis mental sobre nuestro estado y actuar teniéndolo en cuenta. La autoconciencia es una de las habilidades interpersonales más esenciales para un liderazgo eficaz.
  7. Marca personal. Conocido también como personal branding, cada vez cobra más importancia dentro del desarrollo profesional de una persona. Al igual que una empresa cuida la imagen de su marca, un trabajador debe de tener un control sobre su presencia en Internet, tanto en Google como en las distintas redes sociales («la huella que deja«). Una persona que sepa comunicar correctamente sus fortalezas y conocimientos en un campo específico tendrá una empleabilidad más fácil, llegando hasta el caso de que sean las propias empresas las que se dirijan a ella para ofrecer un puesto de trabajo.

El desarrollo temprano de estas habilidades, ya sea en los grados universitarios o incluso en el Bachillerato, proporcionará al estudiante un valor añadido esencial y una diferenciación clara a la hora de iniciar su carrera profesional. Toda una ventaja, ya que el recién egresado podrá empezar su inmersión en el mundo laboral con parte del trabajo adelantado.