Adela Torres

Por Adela Torres

Orientadora de Alumnos del Centro Universitario EDEM

12 de junio de 2019

Albert Ellis

«Hay tres monstruos que nos impiden avanzar: Tengo que hacerlo bien siempre. Me tienes que tratar bien. Y el mundo debe ser fácil» – Albert Ellis

Ya en los años 60 uno de los grandes de la psicología, Albert Ellis (1913-2017), un psicólogo a la altura del afamado Sigmund Freud, insistió en la razonable idea de que no hay una única verdad. No fue demasiado original, ya que años antes Ramón de Campoamor nos decía lo mismo de una manera más azucarada. E incluso el filósofo Epicteto, hace miles de años, se hartó de decir que los hombres no se perturban por las cosas sino por la opinión que tienen de éstas. A pesar de los empeños de todos ellos, muchas veces seguimos anclados a una única opinión que suele ser la nuestra, algo que resulta poco funcional para los coach y psicólogos que se pelean con el enroque emprendedor. El que más suerte tuvo en esta cruzada fue Ellis, cuya conclusión es que todos compartimos una serie de creencias limitantes y muy estrictas que serían las responsables del malestar emocional y psicológico: La teoría de las creencias irracionales.

Todos sabemos la necesidad que tiene el contexto emprendedor de la estabilidad y el equilibrio psicológico como canasta básica para poder convertirse en un líder proactivo abierto y creativo, sin limitaciones, sobre todo en lo que corresponde a sus ideas. Es decir, debemos gozar de unos moldes mentales sanos para funcionar de forma óptima en general. Según esos moldes mentales, emprenderemos de una forma más o menos adaptativa, funcional o exitosa. A veces estos moldes pueden ser adaptativos y permitirnos ser más eficaces, pero también pueden ser pseudoadaptativos o incluso inadecuados, siendo fuente de conflictos, ineficacia o insatisfacción.

Allá van algunas ideas irracionales, o al menos un momento de lectura y reflexión para el futuro emprendedor:

  • Se considera que tener la idea es lo más importante y que es el elemento clave del emprendedor. Puede que así sea, pero si tienes una gran idea, habrás detectado una necesidad y sabrás cómo responder a ella. Párate a hacer un ejercicio de reflexión y dale vueltas a tu gran e innovadora idea. Piensa si hay algo parecido o incluso mejor, coméntala con los demás, examínala de forma crítica y confróntala. Quizá no seas el único en haber pensado en la rueda como elemento de desplazamiento y tu orgullo y tu vanidad pueden gastarte malas jugadas.
  • “No emprendo porque tengo miedo a fracasar”: el fracaso supone alcanzar un resultado adverso, no esperado. Es el resultado de un conjunto de acciones que hemos puesto en marcha y, en emprendimiento, el resultado no es algo personal. Fracasa el negocio, no la persona. Busca la distancia adecuada respecto al resultado de la acción. Esto de emprender es duro, no solo es tener sillas blancas por todos los sitios. A veces debemos extraer los errores en los que hemos caído, identificarlos y no englobarlos dramáticamente en la idea de fracaso. Estamos en un escenario de aprendizaje y esa es la buena noticia. La idea del miedo aparece muchas veces en el camino del emprendedor y si aceptamos que el miedo es una emoción, quizás sea más práctico pensar que ese miedo nos puede ayudar. Esa es su mejor interpretación. El miedo nos genera recursos. Sencillamente te tienes que escuchar y saber aprovechar “el hecho de sentir miedo” ante una nueva travesía.

Dibujo rico

  • Otra idea irracional pero socialmente aceptada en ciertos entornos se basa en el siguiente argumento ser empresario supone explotar a la gente y yo no quiero ser así. Ser empresario no es un rasgo de personalidad, es una forma de hacer. Supone una manera de resolver problemas y, sobre todo, implica saber; y saber hacer mediante una característica esencial: plasmar las ideas en el terreno de lo real, guiado por una serie de valores. Es bastante obvio que sin empresarios no hay empleo, no se genera riqueza. Los emprendedores-empresarios arriesgan dinero. Arriesgan, en muchas ocasiones, los bienes personales y familiares para poner en marcha las empresas que contratan a trabajadores. Sin caer en el victimismo aceptar la movida de emprender, liderar, contratar, convivir y lidiar con empleados que además son tus principales colaboradores es algo delicado a la vez que difícil. Hay que ser valiente. Esa idea del empresario como un ser perverso que tritura a las personas hay que pasarla por un filtro más complejo, más racional y más innovador.
  • La idea de que si alguien gana dinero, seguro que no juega limpio suena bastante simple pero es otra de las ideas irracionales más manidas. Que todo el mundo debería ganar dinero aún parece más de cajón porque ganar dinero no es nada malo. Ser rico, si es fruto del trabajo, de la buena misión, del saber crear riqueza, de fundar una empresa y de cumplir un sueño es algo muy saludable psicológica y económicamente. Su gestión también lo debe ser. Solo así resultará útil tanto para la persona como para el conjunto de la sociedad. Desde los valores.
  • Para montar una empresa hace falta mucho dinero, un sitio…pfff. Sin prisas y sin agobios. Iniciar y desarrollar un proyecto de empresa comienza por pequeños pasos. Ni todos los locales tienen un estilo californiano ni siempre hay un inversor lo suficientemente milagroso. No es necesario contar con un gran volumen de recursos para iniciar y poner en marcha la idea que tenemos. Es el propio proyecto de empresa el que define cuáles serán los recursos. Pensemos en algunos de los proyectos empresariales más exitosos y en sus comienzos. Tal vez resuene en nuestro cerebro emprendedor la imagen de jóvenes que trabajaron desde garajes y con un mínimo de recursos, muchos de ellos rudimentarios. No os dejéis llevar por ideas asesinas de la creatividad y de la positividad que minan la fuerza y la energía que necesitáis para emprender.

Gato de la suerte

  • “Para montar un negocio hace falta tener suerte”. Lo de “esos han tenido mucha suerte” o “supo dar en el clavo” a veces es demoledor para practicar el ensayo–error que significa nuestro trabajo como emprendedores. Tener a tu lado a los hados de la fortuna no suele ser habitual y se pierde mucho tiempo buscándolos. La suerte en emprendimiento es estar en el sitio, implica conocer el lugar y realizar movimientos y acciones y/o tomar la decisión de estar presente en ese momento. Se trata de tomar la responsabilidad y de ejercer tu libertad en la decisión adoptada. Estar en el momento oportuno supone conocer bien los tiempos de las cosas y cómo se relacionan los hechos con el tiempo. Es información y conocimiento. Es estudio. Es el movimiento de las cosas. Es conocer cómo influyen y fluyen determinados factores en la situación dada.

Podríamos citar muchas más ideas irracionales que nos contaminan a la hora de emprender como “no soy muy sociable”, “no tengo contactos”, “si no voy yo y lo hago, no se hace”, “soy demasiado joven”, “pensaran que estamos locos” o “está todo inventado”, pero está claro que esa no tiene pinta de ser una actitud emprendedora. Si el emprendedor posee una visión de la vida como una posibilidad, su percepción llegará a tener un efecto sobre los estados de ánimo propios y de su grupo. Increíble, ¿no?. Cuando vemos el mundo y la realidad como posibilidad, generamos con mayor facilidad los mecanismos ligados con el desarrollo, con la creación, y, en definitiva, con la puesta en marcha de iniciativas emprendedoras. Cambiar “el sitio” desde el que vemos las cosas no solo es una frase de la película más desgastada en la motivación emprendedora. Hacedla vuestra.

“Me he subido a mi mesa para recordar que hay que mirar las cosas de un modo diferente. El mundo se ve distinto desde aquí arriba” – John Keating (Robin Williams en la película El club de los poetas muertos)